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REALIDAD NACIONAL

 

LA DIMENSIÓN ÉTICA por Leonardo Busquet

El filósofo alemán Emmanuel Kant dijo que "los nudos que no puede desatar la política, los corta la ética".

A veces miramos a nuestro alrededor y nos preguntamos: ¿qué es lo que perdimos de vista?, ¿qué es lo que no supimos entrever?. Y en general, no encontramos respuestas. O no queremos encontrarlas.

En su último ensayo, "La Resistencia", Ernesto Sábato nos señala: "A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza ... continentes en la miseria junto a altos niveles tecnológicos, posibilidades de vida asombrosas a la par de millones de hombres desocupados, sin hogar, sin asistencia médica, sin educación. La masificación ha hecho estragos ... esta crisis no es la crisis del sistema capitalista como muchos imaginan: es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida basada en la idolatría de la técnica y en la explotación del hombre. Para la obtención del dinero han sido válidos todos los medios ... esto parece la estampida que sigue a un terremoto donde en medio del caos cada uno saquea lo que puede".

La certera visión de Sábato describe nuestra propia realidad: padecemos una tragedia signada por la miseria, la postergación y "en esencia" por una marcada ausencia de valores éticos que fueron reemplazados por otro tipo de "valores", más utilitarios, más urgentes y subalternos.

No se trata solo de una trampa en la que nos metieron los moldeadores del destino. También nos dejamos acorralar en un callejón que parece no tener salida. Desde nuestra individualidad, sumada a eso tan etéreo que suele llamarse sociedad o comunidad, hemos aportado conductas insolidarias, indolentes, indiferentes y con una cuota cada vez mayor de desmemoria.

Hemos perdido, o peor, hemos rifado malamente, en la timba de la decadencia, la dimensión ética de la vida, que es la peor forma de empobrecimiento. Y no hace falta ahondar en los grandes temas. Miremos a nuestro alrededor. Analicemos nuestras propias conductas. Nos daremos cuenta que con urgencia debemos desarrollar y poner en práctica un cultura cotidiana de valores éticos para recomenzar casi todo, en medio del caos que abruma y suele enceguecer.

Cuando las normas de conducta abandonaron el principio aristotélico que señala que la moral más que una ciencia es un quehacer práctico, fuimos diseñando nuestro propio desquicio.

Lo público y lo privado, el modo de hacer política, el reparto equitativo de los bienes, la virtud de la justicia cívica, la valoración de los intereses en jugo y hasta la justa indignación de los pueblos, deben construir su andamiaje en el marco de la dimensión ética.

El premio Nóbel de Economía, Amartya Sen, fue contundente: "La economía se ha empobrecido mucho por su divorcio de la ética ... los valores éticos son (deben ser) activos productivos".

Frente a la fragmentación utilitaria del "homo económicus" debemos construir una propuesta claramente humanista con un sentido del valor y la cualidad poética de la vida como señala el filósofo Edgar Morín.

El desafío ético se presenta en la lucha sin cuartel contra el hambre, el desempleo y la ignorancia.

La marginación de vastos sectores populares, sometidos al calvario de la miseria, no solo configura un problema social que los gobiernos deben atender. Es, en la raíz de las cosas, el caldo de cultivo de la dominación. Este es el dilema ético del presente.-

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