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REALIDAD NACIONAL

 

Abril de 2004

IMPUNIDAD

Empujados por la brutalidad de un nuevo crimen atroz, cientos de miles redescubrieron que pueden movilizarse, que pueden ellos también tomar las calles, hacerse oír, reclamar y gritar bien fuerte ¡No va más!.
¿Cuántas veces hemos gritado esa expresión de deseo? ¿Cuánta sangre corrió en el río de la indiferencia?.
El presidente de la Nación dijo: "Hay muchos Axel Blumberg en la Argentina".
¿Los recordamos? ¿Recordamos cada uno de esos nombres? ¿Los recuerda la sociedad tantas veces abrumada por urgencias subalternas? ¿Los recuerdan ciertos funcionarios sumidos en internas mediáticas?. Y muchos Medios de Comunicación sumergidos en su patética decadencia con intereses concretos?.
No lo se. Son demasiadas preguntas para una sola afirmación. Parece que cada tanto necesitamos que la realidad nos pegue una fuerte pateadura en el trasero de la desmemoria.
La manifiesta ausencia de soluciones al drama de la inseguridad se designa con una sola palabra: impunidad . Aunque hay otra, claro: complicidad.
La madeja mafiosa del crimen organizado teje su despreciable coraza alrededor de la policía, de los funcionarios políticos, de los jueces venales y también del miedo y la indolencia popular, que de tanto en tanto, parecen llegar a su fin. Pero no. El grito pelado de hoy es proporcional al silencio de mañana. Como absurdas convulsiones espasmódicas que picotean en cada drama sin llegar a nada.
Y otra vez las porfiadas preguntas: ¿Cuántas veces la multitud desbordó las plazas? ¿Cuántas veces se denunció y se señaló con nombres y apellidos?.
Un padre lacerado y cientos de dolores atrás.
Miles de manos se extendieron para redescubrir la luz en cada vela que se apagaba. Era necesario mantener viva esa llama multiplicada en miles de llamas. Es la vida en medio de una sociedad fragmentada. Las crónicas periodísticas agotaron su falta de creatividad al repetir: "El pueblo salió a la calle" . ¿Que es el pueblo? ¿Cuántos somos el pueblo? ¿Estaba todo el pueblo?.
El temor que subyace en esta, como en tantas movilizaciones, es que termine siendo funcional a los tradicionales grupos reaccionarios que pregonan la "mano dura" y la "pena de muerte". Son los mismos sectores amigos del " gatillo fácil" que disfrazan el crimen policial con la despreciable frase, "error lamentable" . Son los intolerantes que siempre se cuelan por algún costado para rechazar las formas y la esencia de la República. Suelen ser "apolíticos" y "antigarantistas" . Y cuando avizoran el final, piensan en los militares. ¡Vaya si no es una forma (siniestra) de marcar posición política!.
Se sucedieron los crímenes -uno tras otro- y la debida conciencia no apareció. Por lo menos a tiempo, para frenar tanta orgía de sangre.
Insisto. No hace falta ser un sagaz analista para darse cuenta de que padecemos una profunda fragmentación social producto de un modelo cultural que primero nos desmovilizó, luego nos quitó la conciencia y por último intenta idiotizarnos.
No podemos seguir engañados. Cuando un sector sale, otro se queda. Cuando estos ganan las calles, aquellos, no solo no participan, sino que muestran su disgusto por el corte de rutas y avenidas. Pero unos y otros, todos , vivimos con miedo. Hay miedo en la villa miseria, hay miedo en los sectores medios empobrecidos y hay miedo en los sectores más acomodados. Y el miedo cambia de máscara como en la tragedia griega. Meten miedo las bandas de criminales sin códigos. Mete miedo la policía corrompida. Pero también mete miedo la falta de trabajo, la falta de salud y la ausencia de educación para todos. Esta es, sin eufemismos, la gran inseguridad de los argentinos. Hay inseguridad porque millones de ciudadanos fueron brutalmente marginados de un sistema que se tornó injusto y perverso. Encima nos matan por migajas.
Es la deshumanización. La devaluación de la vida a niveles insospechados.

El largo brazo de la antimemoria

En el necesario libro "La Bonaerense" de Dutil y Ragendorfer se cita el comentario informal de un comisario a punto de jubilase en 1984: "La Bonaerense es un nido de víboras imposible de gobernar. Los tipos que se formaron con Camps -(el coronel Camps fue uno de los jefes de la Bonaerense que , durante la última dictadura militar, introdujo las prácticas del terrorismo de Estado en la institución)- no conocen otra vida, están cebados. Y si los enfrentas, te pudren todo. No hay que olvidarse que ellos pueden llevar el nivel de delincuencia a niveles insoportables. Los militares ya no tienen margen para aventuras golpistas en esta sociedad, pero la Policía le va   a plantear más de un desafío a los políticos" . Otra cita es aún más elocuente. "La policía de la provincia de Buenos Aires mata por la espalda. Sus hombres, aparentemente disciplinados, entra en componendas con la delincue! ncia, se ensañan con los débiles y han llegado a la perfección del matonismo. Incomprensiblemente, no sienten vergüenza de ser señalados ladrones, cobardes y asesinos por la población".
Si el lector cree estar en presencia de un comentario actual, se equivoca y en grande. El párrafo pertenece  a un trabajo periodístico publicado por la revista 7 Días en el año 1965.
Pasaron muchos años, se intentaron "cosméticas" depuraciones pero cambió algo para que todo siga igual.
Los crímenes de la Bonaerense parecen interminables. Tanto como las "zonas liberadas". Sus hombres regentearon durante la última dictadura los campos de concentración, tortura y exterminio de Banfield, Quilmes y Arana. El Vesubio, Coti Martínez, puesto Vasco, el Sheraton, La Cacha y las temibles comisarías de La Plata, especialmente la 1º y la 9º. Todos subordinados al entonces director de Investigaciones y hoy condenado comisario general Miguel Etchecolatz, quien - a su vez- remitía al poder militar.
Por el atentado a la AMIA hay 12 policías bonaerenses con prisión y procesamiento. A la cabeza de ellos figura el comisario Juan José Ribelli, ex jefe de la estratégica División de Sustracción de Automotores y hombre de extrema confianza del ex jefe de la Bonaerense, comisario general Pedro Klodczyk. Época en la que el entonces gobernador Duhalde arrojó su frase memorable: "Es la mejor policía del mundo".
Lo cierto es que Ribelli esta comprometido con piratas del asfalto, robo, doblado de vehículos y narcotráfico. Suman una buena cantidad los comisarios de módicos sueldos que ostentan lujosas mansiones, quintas, casas de veraneo y autos importados. Casi siempre tienen una portentosa "suegra" a mano. La corrupción se desparramó en la policía provincial al punto de convertirla en una verdadera asociación ilícita con la complicidad de otro organismo corrompido hasta la raíz: el Servicio Penitenciario de la provincia de Buenos Aires y la ceguera - ¿interesada?- de buena parte del poder político.
La  Bonaerense siempre tuvo un aceitado sistema de extorsión y recaudación extendida por toda la geografía provincial . Y el crimen, siempre el crimen.
28 de diciembre de 1990. Andrés Núñez , un humilde albañil de La Plata fue torturado y asesinado en la brigada de investigaciones de la capital provincial.
Los policías querían que confesara el robo de una bicicleta. Delito que no había cometido. Núñez pagó caro su negativa de "asociarse " con la escalada delictiva de la Bonaerense. El cuerpo del obrero apareció calcinado dentro de un tanque australiano en un campo de General Belgrano. El "fuego purificador". Un modus operandi reiterado. Un sello de origen.
Jueves 22 de febrero de 1996 . A dos días de una brutal represión policial a estudiantes y periodistas perpetrada en La Plata, un policía vio pasar a la carrera a un auto Torino. El uniformado no dudó. Sacó su arma, se parapetó y disparó. Raúl Roldán llevaba en su viejo automóvil a su pequeña hija enferma rumbo al hospital Fiorito. La certera bala policial le destrozó el cráneo. Raúl Roldán ha quedado en el olvido.
6 de agosto de 1992. Luís Durán , de 17 años, fue detenido por efectivos de la Bonaerense por "averiguación de antecedentes". Su cadáver apareció torturado por pasaje de electricidad y otros tormentos. En esa época ya existían radicadas en la Justicia unas 350 denuncias policiales. Solo 10 casos tuvieron condena.
17 de agosto de 1993. Miguel Bru , de 23 años, estudiante de periodismo, está desaparecido desde esa fecha tras haber presentado un denuncia por abuso de autoridad en la comisaría 9º de La Plata.
10 de enero de 1994 . Policías bonaerenses perpetran la masacre de Wilde. Mueren acribillados "por un lamentable error", Edgardo Cicuttin, Norberto Corbo, Hector Bielsa y Gustavo Mendoza . Ante tamaña matanza los policías procedieron con el plan de rutina: confundieron pruebas, sembraron armas y dieron vuelta la instrucción para provocar una certera desorientación en la investigación.
12 de agosto de 1992 . El joven Sergio Schiavini es tomado como escudo humano por unos asaltantes en la confitería Dalí de Lomas de Zamora. Los efectivos de 9 patrulleros abrieron fuego indiscriminado sin mediar palabra.
Las balas policiales barrieron con todo, inclusive con la vida de Schiavini.
2 de marzo de 1996 . El adolescente Christian Campos fue detenido por policías bonaerenses en el barrio Centenario de la ciudad de Mar del Plata.
Para la jerga policial era un "negrito de la villa y con antecedentes".
El cadáver carbonizado del joven apareció una semana después en un basural.
11 de marzo de 1996 . Un suboficial de la Bonaerense de Florencio Varela, baleó a Mauro Divarano , de 17 años, en medio de un procedimiento por el robo de un auto.
El mismo día, Clarisa Lencina , de 26 años, se negó a prostituirse y fue violada por un suboficial y un oficial en la sede de la seccional de Berazategui.
12 de marzo de 1996 . Jorge Coria , de 24 años, fue ejecutado de un itakazo por un sargento de la comisaría 2º de Moreno.
Durante varios años aparecieron en los alrededores de Mar del Plata los cadáveres mutilados de varias prostitutas. Se pensó en un asesino serial a que se lo denominó "el loco de la ruta". Tiempo después se supo que en realidad se trataba de un "ajuste de cuentas" de una banda de efectivos de la policía provincial ligada al "negocio" de la prostitución. De los nombres de esas pobres mujeres nadie se acuerda.
6 de noviembre de 1996 . Una nueva masacre. Esta vez en un playón de la empresa postal Andreani en Avellaneda. En medio de una intensa lluvia, un reguero de muertos. Entre ellos, Marcelo Vázquez de 22 años. Un ocasional transeúnte. La matanza fue la consecuencia de la eliminación (merced a una trampa tendida por los uniformados) de una banda de delincuentes que ya no servía a los intereses  de la Bonaerense. En el episodio cayó en desgracia el temible comisario inspector Mario Rodríguez (a) "el chorizo". Un policía colmado de sumarios, sospechas de irregularidades y brutalidad policial. Gran amigo del jefe Klodczyk, del gobernador Duhalde, del entonces secretario de Seguridad Piotti y del diputado nacional Alberto Pierri.
Mas tarde el crimen de José Luís Cabezas y luego la matanza de Ramallo que desnudó la inoperancia policial mezclada con los turbios manejos electorales de campaña.
En el caso Cabezas hay que recordar que en Pinamar el jefe de la seccional,   comisario Gómez (a) "la liebre", se mantuvo en ese cargo durante siete años.
Se sabe que los funcionarios policiales deben rotar y que darse en sus destinos no más de dos años.
Con todos, los nombres más recientes. Diego Peralta, Juan Manuel Canillas, Ezequiel Demonty , ahogado por policías federales en el Riachuelo. Como Walter Bulacio , asesinado en una dependencia policial de la Capital.
Pablo Belluscio y su martirio con amputación incluida al igual que  Ariel Stragman.
En fin. Una agobiante  larga lista hasta llegar a Axel Blumberg . Ayer y hoy, el espanto. ¿Y mañana?.
Demasiada sangre para tantos olvidos. Demasiada espera y mucha indiferencia acumulada. Hay que despabilarse. Pero cuidado. No vaya a ser que la palabra decepción se transforme  en deserción de los valores republicanos que toda sociedad debe proteger sin mengua. El primero, el derecho a la vida.
En cuanto al olvido, es oportuna aquella frase de Eduardo Galeano:  "Para los navegantes con ganas de viento, la memoria es un puerto de partida" .- 

 

Leonardo Busquet
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