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INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA


Sábato y el Surrealismo por Daniel Vargas

Europa presagiaba una nueva confrontación bélica y Ernesto Sábato – que atravesaba un momento crucial de su vida - viviendo en París tomó contacto con el surrealismo... un movimiento que inicialmente influyó en su producción literaria al punto que escribió una novela La fuente muda, título tomado de un verso de Antonio Machado y de la que sobreviven pocos capítulos y algunas ideas.

En 1924 entra en escena el surrealismo con la publicación del 1° Manifiesto Surrealista escrito por André Bretón quien se consagra como líder natural de ese movimiento desde sus comienzos hasta sus últimos días, luego escribe el 2° Manifiesto del Surrealismo en 1929. En 1938 Bretón y Eluard publican el Dictionnaire abregé du Surréalisme.

Es ese tiempo se profundiza la difusión en el mundo del movimiento artístico iniciada en 1930, con la realización de las exposiciones internacionales en París y en la Galería Robert de Ámsterdam (en la que participa La Argentina, entre los países representados). A esto se asociaba el prestigio de la revista Minotaure (1933-1939).

En la Galería de Bellas Artes de París, la Expositión internationale du surréalisme, que siguió a las que se celebraron en diversos países de Copenhague a Londres y de las Canarias a Tokio, se inauguró el 17 de enero de 1938, bajo el techo constituido por mil doscientos sacos de carbón. En su estanque, rodeado de cañas, se reflejaban, a la vez que las arrugadas sábanas de un lecho, los productos de diez años de difusión internacional y de casi veinte años de actividades plásticas ininterrumpidas (setenta artistas de catorce países).

No podía sorprender que, ante la multiplicación de las amenazas contra la libertad de expresión, fuera Bretón quien, en colaboración con Trotsky, redactara el manifiesto Por un arte revolucionario independiente, en Méjico el 25 de julio de ese mismo año.
Con este grupo de artistas e intelectuales Ernesto Sábato se relacionó, en su segunda visita a París.

Sábato, de Buenos Aires a París

“Cuando terminé mi doctorado en Ciencias Físico-matemáticas, el profesor Houssay, premio Nobel de Medicina, me concedió la beca que anualmente otorgaba la Asociación para el Progreso de las Ciencias, enviándome a trabajar en el Laboratorio Curie.

“Así llegué a París por segunda vez, en el 38, pero en esta ocasión acompañado por Matilde y nuestro pequeño Jorge Federico, con quienes vivía en un cuartucho ubicado en la rue du Sommerard.

Su integración al grupo surrealista de Bretón

“El período del Laboratorio coincidió con esa mitad de camino de la vida en que, según ciertos oscurantistas, se suele invertir el sentido de la existencia. Durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas, y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas. En el Dôme y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando “cadáveres exquisitos”.

“Uno de los primeros contactos que recuerdo haber hecho con ese mundo que luego me fascinaría, ocurrió en un restaurante griego, sucio pero muy barato,
donde acostumbraba a almorzar con Matilde. De pronto vimos entrar a un malayo, alto y flaco, y ella, temió que se sentara con nosotros, lo que el hombre finalmente hizo. Dirigiéndose a mi mujer, dijo en un inconfundible acento cubano: “No tenga miedo, señora, soy buena persona”; así comenzó la amistad con aquel excepcional pintor: Wifredo Lam. Pronto me vinculé con todo el grupo surrealista de Breton: Oscar Domínguez, Féret, Marcelle Ferri, Matta, Francés, Tristan Tzara.”

El vínculo con Oscar Domínguez y una publicación en Minotaure

“(...) En medio de la espantosa inestabilidad de esa época conocí a un personaje extraño, el gran pintor español, en realidad canario, Oscar Domínguez. En los frecuentes encuentros en su taller, me insistía para que abandonase las “pavadas” del laboratorio y me dedicase por completo a la pintura. Pasábamos largas horas literalmente delirando, entre el olor a la trementina y la botella de cognac o de vino
que no cesaba de correr por nuestras manos. La instigación al suicidio, por omentos aterradora, era una presencia constante luego de acabar cada botella.
Sugerencia que me reiteró un domingo lluvioso, a la vuelta del Marché aux Puces. Yo que le respondí: “No Oscar, tengo otros proyectos”.

“Sus locuras, sus permanentes divagues eran un espacio de libertad en medio de la estrechez del mundo cientificista. Su desenfreno era capaz de promover las ocurrencias más disparatadas. En un tiempo, se había dedicado a la investigación, dentro del dominio de la escultura, para obtener superficies “litocrónicas”. Como yo venía de la física, inventé esa palabra que significa “petrificación del tiempo”, broma que se me ocurrió basándome en la conocida yuxtaposición, hecha por Oscar, de la Venus de Milo con un violín. Le sugerí entonces la posibilidad de forrar la escultura con una fina y elástica tela para luego desplazar el violín en diferentes formas, y lograr así lo que él denominó en su jerga “anquietanz”.

“El texto completo salió publicado en Minotaure, y quedó para mí como testimonio de un tiempo de crisis. Sin embargo, Breton lo elogió con su acostumbrada solemnidad, sin advertir que era una mezcla de disparate y humor negro; lo que prueba, por otro lado, la ingenuidad de ese gran poeta que, en una delirante mezcla de materialismo dialéctico y Lautréamont, pretendía disimular su falta de rigor filosófico.

Matta y la cuarta dimensión

“En otra oportunidad, Domínguez me habló de un amigo que pintaba la cuarta dimensión y, aunque trató de convencerme, le dije que era algo imposible de pintar. Pero cómo explicarle, si Oscar prácticamente no sabía multiplicar; y yo lo adoraba precisamente por esa clase de ignorancias. Hasta que un día lo acompañé al taller de su amigo, un muchachote más bien bajo y menudo, que me mostró sus cuadros. Me gustó mucho lo que hacía pero les dije que no era la cuarta dimensión, ni cosa que se le pareciera, que necesitaban del conocimiento de matemáticas superiores para comprender el fundamento. Durante años perdí de vista al joven pintor amigo de Domínguez, hasta que en 1989, cuando viajé a París con motivo de mi exposición en el Foye del Centre Pompidou, reencontré con profunda alegría a aquel ser generoso y de curioso talento que es Matta.

Una reflexión sobre el movimiento surrealista

(...) Cuando me contacté con el surrealismo ya se vivía de la nostalgia de lo que habían producido sus más grandes representantes. Acabada la Primera Guerra, la necesidad de destruir los mitos de la sociedad burguesa fue el suelo fértil para el demoledor espíritu de los surrealistas. Pero luego de la bomba atómica, los campos de concentración y sus seis millones de muertos, esos hombres no supieron cómo reconstruir un mundo en ruinas. Nunca el espíritu destructivo en sí mismo es beneficioso, Hitler, espantosamente lo demostró. Y cuando luego de la guerra, en 1947, volví a París, al provenir de una ciudad como Buenos Aires que no había sufrido ningún efecto directo de la catástrofe, tuve una dolorosa impresión. La encontré triste, y cosa curiosa, uno de los detalles que más me deprimió, quizá por su valor simbólico, fue encontrarme un sábado lluvioso y gris en un café desmantelado. Recordé entonces aquellas montañas de medialunas y brioches que se veían en los mostradores de cualquier café de barrio. Pero, sobre todo, la mayor tristeza fue ver a Breton, que no se resignaba a dejar en paz el cadáver de su movimiento.

“Sin embargo el surrealismo tuvo el alto valor de permitirnos indagar más allá de los límites de una racionalidad hipócrita, y en medio de tanta falsedad, nos ofreció un novedoso estilo de vida. Muchos hombres, de ese modo, hemos podido descubrir nuestro ser auténtico.

“Por eso mi aspereza, y hasta mi indignación, ante los mistificadores que lo ensuciaron, como Dalí, pero también mi reconocimiento a todos los hombres trágicos que han salvaguardado lo que de verdadero hubo en ese importante movimiento. Como aquel alocado, violento Domínguez, uno de los pocos personajes surrealistas que quise. Surrealista en su modo de concebir y resistir la existencia. Pasó la última etapa de su vida entre las drogas, el alcohol y las mujeres. Hasta que se suicidó una noche cortándose las venas, y con su sangre manchó la tela colocada sobre su caballete.”

(Fragmentos de Ernesto Sábato, Antes del fin, Planeta, Buenos Aires, 2001)

Algunas notas al texto:

Wifredo Lam: Había nacido en Cuba el 8 de diciembre de 1902, de padre chino y madre mulata. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Habana y continuó en 1924, en Madrid y, posteriormente, en Barcelona. En 1928 vio por primera vez esculturas africanas de Guinea y del Congo. En 1931, murieron de tuberculosis pulmonar su primera esposa y su hijo. La guerra civil española lo obligó a refugiarse en París, donde Picasso, que sintió un gran afecto por é, le presentó a Breton, Max Ernst y Brauner. Pero se aproximó al surrealismo, del cual constituiría una de las más bellas expresiones pictóricas, a finales de 1940, en Marsella.

Oscar Domínguez: Nacido en 1906, en La Laguna (Tenerife). A finales de 1934 adhirió al surrealismo. Participó de la muestra colectiva en Copenhague y en Santa Cruz de Tenerife (1935), Londres y Nueva York (1936), París y Amsterdam (1938). Sentó las bases de una descripción lírica del universo mecánico, inventó la técnica de la “calcomanía sin objeto preconcebido” que nutriera a Max Ernst, ensayó el procedimiento pictórico que dio nacimiento a su período “cósmico”. Uno de los más fecundos inventores de objetos surrealistas (la “carretilla capitoné” y el “Nunca”). Breton, al hacer el balance en 1939 “de las tendencias más recientes de la pintura surrealista”, lo hizo responsable de la introducción del “automatismo absoluto”. Después de 1940 sucumbió a la tentación del “pastiche”, que lo condujo a De Chirico y a Picasso.

Benjamín Péret: Poeta surrealista francés nacido en 1899. En 1920 conoció a Breton en París y se contactó con el grupo de Littérature. Participó en las actividades dadaístas y fue uno de los primeros animadores del movimiento surrealista. En 1921 ensaya la escritura automática. En 1924, coedita con Naville, La Revolution surréaliste. En 1936 se unió a los anarquistas españoles en el frente de Aragón. En 1941 se trasladó a Méjico.

Roberto Matta Echaurren: Pintor nacido el 11 de noviembre de 1911 en Santiago de Chile. Se diplomó como arquitecto y en 1933 visitó Europa, posteriormente llegó a trabajar en las oficinas de proyectos de Le Corbusier. Empezó a dibujar en 1936. Al año siguiente, provisto de una carta de recomendación de Lorca, a quien había conocido en España, se presentó a Dalí, que lo envió a Breton. Este le compró dos dibujos y lo alentó. En 1938, en Trévignon, Matta pintó sus primeros cuadros - "las Morfologías psicológicas" para el autor, y que Breton calificaría de "automatismo absoluto" -, el comienzo de una producción importante de la pintura surrealista. En 1939 se radicó en Estados Unidos.

Esteban Francés: Pintor español nacido en Gerona, en 1915. Se aproximó al surrealismo hacia 1937. Hacia 1938 inventó un procedimiento al que llamó "raspado" que tuvo gran éxito. Luego se refugió en Méjico y, de allí, en Estados Unidos.

Daniel Vargas

 

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